Las redes sociales y el e-commerce la pareja perfecta

Las redes sociales son una herramienta imprescindible para aumentar las ventas de e-commerce. Pero a veces compaginarlos parece una tarea titánica.

No hay duda que las redes sociales son parte fundamental de cualquier estrategia de marketing. Los marketeros pueden alcanzar a sus audiencias e impulsar sus ventas online. El 87% de los compradores online afirman que las redes sociales juegan un papel importante en sus decisiones de compra.

Siempre ha resultado complicado superar la brecha que separa al e-commerce y a las redes sociales. Cada vez más plataformas han lanzado herramientas para facilitar la compra directa a través de las redes, y los anuncios “shoppable” han llegado a Facebook, Instagram, Snapchat o YouTube.

¿Pueden ser el e-commerce y las redes sociales la pareja ideal?

Sin duda alguna, ambas son tendencias crecientes y aparentemente imparables. Las redes sociales ayudan a los marketeros a targetizar los anuncios y a dirigirse realmente a las audiencias que les interesan. Al mismo tiempo, el e-commerce está rompiendo varias barreras para los negocios y se ha convertido en imprescindible.

Ahora bien, la combinación parece que no funciona, al menos por el momento. Por ejemplo, Twitter ya probó con un botón cuyo objetivo era impulsar las ventas a través de su plataforma, pero tuvo que retirarlo gradualmente después de darse cuenta de que no funcionaba.

Y, ¿cuál es el gran problema? Principalmente, la sobreabundancia de opciones de compra y sociales que están disponibles. Los consumidores no utilizan las redes para comprar productos.

Las redes sociales aumentan la conciencia sobre la marca y permiten impulsar las ventas. Pero los consumidores no quieren comprar directamente a través de ellas. De hecho, un estudio reciente muestra que menos de la mitad de los usuarios de Facebook han comprado algún producto haciendo clic en algún post o link, según Adweek.com.

Pese a todo, parece que las redes sociales se están moviendo en la dirección adecuada para conseguirlo, aumentando las posibilidades y los formatos. ¿Será este 2018 el año en el que la fusión definitiva tenga lugar? Creemos que no. De hecho, después de probar (sin demasiado acierto) con la compra directa, muchas plataformas han decidido invertir sus esfuerzos en otras cosas, como las apps de citas.

Aunque la idea es maravillosa, todavía se está lejos de conseguir una experiencia sin fricciones. Y luego está Amazon, claro, que atrae como moscas a buena parte de los consumidores que quieren comprar algo online.

Uno de los principales problemas es la forma de pago. Tradicionalmente, los usuarios tenían que ir a otro sitio para añadir sus datos, lo que rompía la fluidez de la experiencia. A ello se unen las preocupaciones en torno a la privacidad de los datos.

Un problema que Instagram está decidido a solucionar, permitiendo a los consumidores registrar una tarjeta de débito o crédito en su perfil, además de un pin, para poder empezar a comprar de forma segura en la red social. Unos esfuerzos que también se han intentado integrar en Messenger.

Pero, sin duda alguna, la falta de interés en utilizar las redes de esta forma es la principal barrera a superar. Considerando que todas las redes influyen a los consumidores, de alguna u otra forma, en sus decisiones de compra, quizás centrarse en la compra directa sea un sinsentido. Sobre todo cuanto hay muchas otras formas de conseguir que este matrimonio tan interesante funcione.

Las marcas deberían empezar a pensar en la compra integrada como una parte más de su estrategia y no como la panacea a todos sus problemas. En vez de preguntarnos si las plataformas sociales serán algún día portales de e-commerce o no, es mucho mejor que nos centremos en las posibilidades que las redes sociales ya ofrecen. Al fin y al cabo, ninguna pareja es perfecta